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El estudio pionero que muestra los daños del asbesto en México 
Una de las investigaciones más completas sobre el efecto del asbesto en la salud en México lo realizó la maestra Guadalupe Aguilar Madrid, con la colaboración de Eduardo Robles Pérez, Cuauhtémoc Arturo Juárez-Pérez, Isabel Alvarado Cabrero, Flavio Gerardo Rico Méndez y Kelly García Javier*. Tomaron como base a trabajadores con seguridad social.
Por principio, los especialistas citados sostienen que la exposición ambiental y ocupacional a asbestos en México ha causado muertes y daños a la salud cuya magnitud se desconoce. Teniendo en cuenta lo anterior, buscaron identificar la proporción de casos de mesotelioma maligno pleural (MMP) que pueden ser atribuidos a la exposición ocupacional al asbesto.

 

El estudio abarcó a 472 trabajadores con seguridad social, residentes en el Valle de México; 119 casos incidentes y 353 controles. Los casos fueron confirmados histológicamente. Se les interrogó sobre su historia ocupacional y aspectos sociodemográficos. La asignación de la exposición fue realizada de manera cualitativa por un experto higienista.
Los especialistas encontraron que el 80.6% (96) de los casos y el 31.4% (111) de controles, tuvieron una exposición ocupacional al asbesto.
Los resultados del estudio demuestran que el uso industrial de todas las formas de esta fibra cancerígena está generando un aumento de las enfermedades y muertes por mesotelioma entre los trabajadores mexicanos. Como parte de una política de salud pública, nuestro país debe por lo tanto prohibir el uso de los asbestos en todos los procesos productivos para controlar la epidemia y prevenir la ocurrencia de nuevos casos.


Los argumentos de los investigadores mexicanos 
Como señalan la maestra Aguilar Madrid y colaboradores, la exposición a asbesto está bien identificada desde hace décadas como un riesgo ocupacional y su efecto cancerígeno sobre el pulmón, la pleura y el peritoneo. El mesotelioma maligno pleural (MMP) en los países industrializados se origina predominantemente por la exposición a fibras de asbesto. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) lo ha considerado como cancerígeno desde 1977, y desde 1985 el Programa Internacional de Seguridad Química (IPCS). Diversos estudios, han demostrado el impacto negativo de la exposición a la fibra en la salud de los trabajadores.
En México, el crisotilo o asbesto blanco es el tipo de fibra que ha sido más utilizada en la industria y representa la fuente más importante de exposición de los trabajadores. El país importa asbesto desde 1930, pero es en la década de los setenta cuando se instalan un mayor número de industrias que utilizan estas fibras.
A pesar de que la amplia evidencia científica internacional demuestra rotundamente que todas las formas de asbesto son cancerígenas y producen mesotelioma pleural (el más frecuente), peritoneal y pericárdico, cáncer pulmonar y cáncer de faringe, y que no existe un nivel de exposición seguro, en México se desconoce la proporción de estos casos que pueden ser atribuidos a las exposiciones ocupacional y ambiental, lo que contribuye a que no sean reconocidos como enfermedad ocupacional. Por ello, los costos de su atención médica y las pensiones a los trabajadores y sus familias son absorbidos por la seguridad social y el sistema nacional de salud.
Pese a tantas evidencias negativas, existe una política internacional, encabezada por Canadá, de seguir revitalizando el uso “seguro” del asbesto crisolito, lo que implica una clara transferencia de industrias peligrosas a los países menos industrializados, como México, que cuentan con un débil e ineficiente marco jurídico para proteger a los trabajadores.
Pero esa política tendrá sus efectos dañinos a la salud y un importante impacto económico en nuestro país, similar al que se presento en los más industrializados desde la década de los setenta, como Francia, con una incidencia de entre mil y dos mil casos por año.


Categorías de exposición cualitativa 
Tomando en cuenta la información de la historia laboral y la descripción detallada de su tarea en cada puesto de trabajo y actividad económica, los investigadores mexicanos lograron construir una base de datos que hizo posible clasificar a los trabajadores de acuerdo a su probabilidad de exposición en cuatro estratos: 1. definitiva: cuando el trabajador refirió una exposición ocupacional directa o indirecta al asbesto; 2. probable: cuando haya laborado en empresas conocidas con alto riesgo de exposición al asbesto pero no refirió conocerlas; 3. posible: cuando lo hizo en industrias conocidas con riesgo de exposición al asbesto pero no las reportó como conocidas, y 4. no expuesto. Esta clasificación es similar a las hechas en otros estudios internacionales.
Con la base de datos anterior, un experto en higiene industrial (el cual desconocía la condición de caso o control de los participantes) comprobó el historial laboral en cada caso. Con ello, los especialistas se aseguraron de que los datos fueran codificados ciegamente por puesto de trabajo, actividad económica, tiempo de inicio y término en cada empleo.
Además de los datos de la historia laboral, el higienista tenía un listado oficial de la notificación de las industrias importadoras de asbesto a México, proporcionado por la Secretaría de Comercio a la doctora Aguilar. Ese listado es referido en un estudio previo (2003), donde se establece que existen más de mil 880 empresas en México que manufacturaban asbesto en diversas formas. También contaba con información de la literatura internacional sobre diferentes actividades económicas y puestos de trabajo con exposición conocida al asbesto. Todo ello le permitió estimar la exposición en cuatro categorías definidas en el estudio y mencionadas anteriormente.


Los resultados 
De los 119 casos de mesotelioma confirmados por las pruebas histológicas analizadas por la jefa responsable del Servicio de Patología del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, se seleccionó una muestra aleatoria de 33 casos con sus respectivas laminillas, y se les realizó una segunda lectura, por una patóloga del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias de la Secretaría de Salud.
Se confirmó la concordancia con el diagnóstico de mesotelioma y con el tipo de mesotelioma (epitelial maligno, sarcomatoide, desiduoide maligno).
De los 42 puestos de trabajo distribuidos en 27 actividades económicas consideradas con riesgo de exposición al asbesto, la mayor proporción de casos laboró en la fabricación de otros productos minerales no metálicos. Incluye ocupaciones en la manufactura de productos con asbesto (tinacos y láminas de asbesto-cemento, frenos, embragues); o como peones de industrias manufactureras; o en la industria de la construcción, donde los albañiles y peones son trabajadores con alto riesgo por la exposición al asbesto.
En el estudio, el 80.6 por ciento de casos y el 31.4 de los controles estuvieron expuestos ocupacionalmente al asbesto. Los principales resultados están basados en la categorización de la exposición que se mencionó anteriormente.
Los especialistas afirman que una limitación del estudio es la probable subestimación del riesgo, debido a que en México los monitoreos ambientales de asbesto de las empresas no son confiables, ni tampoco están disponibles, ni son divulgados. Por ello, se utilizó la información de estudios publicados en revistas internacionales, donde se identifica claramente las industrias con riesgos de exposición al asbesto.
Pero los resultados muestran una clara relación entre el uso industrial de todas las formas de asbesto (fibra cancerígena) y el MMP. El incremento del número de casos de MMP está generando enfermedad y muerte entre los trabajadores mexicanos. Los pacientes con este cáncer mueren irremediablemente en un promedio de seis meses, debido a que es muy agresivo, los pacientes llegan en etapas muy avanzadas del mal, por lo que no se les puede ofrecer tratamiento con cirugía y la quimioterapia no tiene ningún efecto para detener el avance del tumor. Es decir que es altamente mortal.

 

La maestra Aguilar Madrid y colaboradores denuncian que la transferencia de esta industria peligrosa a nuestro país, con la anuencia de las autoridades de salud y del trabajo, ha sido también fomentada por organismos internacionales. Como el ex vicepresidente del Banco Mundial, Lawrence Summers, quien en 1991 propuso que esa institución estimulara la migración de las industrias sucias y de los desperdicios tóxicos hacia los países en desarrollo por razones de lógica económica que tenían que ver con ciertas ventajas comparativas que incluían la tolerancia que dichos países tienen con muchas sustancias contaminantes. Y además, por los bajos salarios, los grandes espacios donde todavía queda mucho por contaminar y la escasa incidencia de cáncer sobre los pobres (Eduardo Galeano). Tal política evidentemente tendrá impacto en la salud de los trabajadores y sus familias.
La realidad muestra que Canadá aplica fielmente las recomendaciones de Summers y es ejemplo lamentable de cómo deliberadamente está exportando manufacturas peligrosas a México y países menos industrializados. De acuerdo con los registros de 1994 a 2003, la exportación de mineral de asbesto de Canadá a México ascendió a 115 millones de dólares, ocupando el quinto lugar como país receptor del mineral proveniente de dicho país. Hasta ese año, y en los posteriores, nuestro país está importando un riesgo, un producto que incrementa cada año los casos de mesotelioma pleural.
Ante tan desalentador panorama, el equipo de investigadores recuerda que en mayo del 2006 la OMS señaló que: 1) todos los tipos de asbesto causan asbestosis, mesotelioma y cáncer de pulmón; 2) No existe un nivel seguro de exposición; 3) sí existen substitutos seguros; 4) la exposición de los trabajadores y de otros usuarios de los productos que contienen asbesto es extremadamente difícil de controlar.
Un mes después, en su reunión 95, la OIT adopta una resolución que dice:

  1. La prohibición y suspensión de todas las formas de asbesto y de materiales que contienen asbesto constituyen el medio más eficaz para proteger a los trabajadores y para prevenir futuras enfermedades y muertes relacionadas con él y
  2. no debería esgrimirse el Convenio sobre el Asbesto de 1986, para justificar o respaldar la continuación del uso del asbesto. Por ello, solicita que la directiva de la OIT promueva la eliminación del uso de todas las formas de asbesto y de materiales que lo contengan en todos los Estados miembros.

A pesar de estas declaraciones, los países exportadores de asbesto, encabezados por Canadá, Rusia y China, bloquearon los esfuerzos de la Naciones Unidas, en la reunión de Roterdam para incluir al asbesto crisotilo en la lista de sustancias que deben estar bajo notificación de su peligrosidad, la cual está teniendo un impacto muy claro en la vida de nuestra población.
Lamentablemente, en dicha reunión México declaró: “Nosotros apoyamos la no inclusión del crisotilo, debido a que para México podría ser difícil apoyar esta decisión”, aún y a pesar de que la Secretaría de Salud tenía conocimiento de la tendencia al alza (23 a 153) de los casos de MMP; el cual es similar al reportado en los países europeos, Estados Unidos y China. Según Nicholsonet al. (1982) se estima que por cada muerte por mesotelioma pleural existen 2.3 defunciones por cáncer pulmonar asociadas a la exposición al asbesto.
En la investigación de los expertos mexicanos, de los 119 casos de MMP estudiados y confirmados histopatológicamente, el 34.7 por ciento habían fallecido hasta marzo del 2006; pero sólo en 29 por ciento la causa de la muerte consignada en el certificado de defunción fue mesotelioma maligno de pleura. Esto significa que existe un subregistro de mesotelioma de aproximadamente 71 por ciento en los datos de mortalidad de México; lo que se traduce en que probablemente debería de haber 500 casos por año.

 

Conclusiones 
La investigación que encabezó la doctora Aguilar Madrid es la primera efectuada en México de casos y controles en trabajadores, y demuestra una epidemia de mesotelioma pleural en curso, con 500 casos de mesotelioma pleural al año desde 2010.
Los resultados señalan contundentemente la importancia de la eliminación de la exposición a todas las formas de asbesto; la necesidad de prohibir su uso y comercialización en nuestro país. Este principio de prohibición debe ser una prioridad de las políticas de salud pública con el fin de prevenir la epidemia que se muestra claramente en los datos de mortalidad nacionales y que es similar a la reportada en los países más industrializados que iniciaron su uso comercial desde principios del siglo pasado.
La aplicación de la prohibición del asbesto en México como principio precautorio de la Declaración de Río sobre el Ambiente y el Desarrollo (1992), debe ser, no sólo un llamado a la razón de las autoridades de salud; específicamente a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y a la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) así como a las cámaras de diputados y senadores, sino a que cumplan con su obligación y compromiso de vigilar que se cumpla el derecho constitucional a la salud y la vida de la población.
Igualmente, debe ser una medida que detenga la impunidad con la que se comportan las empresas nacionales y trasnacionales del asbesto que operan en México, debido a que en los últimos 27 años únicamente cuatro (léase bien: cuatro en 27 años) casos de mesotelioma pleural han sido reconocidos como enfermedades ocupacionales.
El impacto social y económico de estas enfermedades y las muertes relacionadas con el asbesto deben ser absorbidas por las industrias que generan los daños, y no por las instituciones de salud, como sucede actualmente.
Además, el estudio referido señaló cuales industrias y ocupaciones están en mayor riesgo de exposición al asbesto. El gobierno mexicano debe por tanto establecer un programa de vigilancia epidemiológica de estos trabajadores, así como de las comunidades aledañas a las empresas contaminantes. Así como invertir en investigación de herramientas para la detección temprana de los casos y pruebas de escrutinio.
Un claro ejemplo del daño es la historia de la comunidad de Barrientos donde estuvo instalada desde 1942 la empresa Asbestos de México, SA de CV. Hace 15 años dejó de funcionar y se convirtió en bodegas. La estela de muertes que ha dejado esta empresa en esta colonia debe ser investigada, pues desde hace 10 años se presenta un incremento de los casos de mesotelioma pleural y cáncer pulmonar.
También mostró que el bajo nivel de escolaridad de los trabajadores impide que cuenten con información sobre el riesgo, por lo cual el gobierno debe realizar una campaña nacional de información a la población sobre los riesgos a la salud por el asbesto, con el objeto de prevenir y controlar exposiciones vinculadas a su presencia en edificios, equipos industriales, construcciones con lámina, hogares, tuberías de agua potable, automóviles y otros productos. Sobre todo cuando ya existe la posibilidad técnica de sustituir el asbesto para prevenir la epidemia de mesotelioma que seguirá en aumento durante los siguientes 50 años.
Sin embargo, a pesar de la evidencia del daño a la salud, las empresas siguen funcionando e inyectándoles capital de nuevos socios. En octubre pasado se anunció una inversión de más de 300 millones de dólares en el consorcio mexicano Elementia. Igualmente una nueva cementera: Cementos Fortaleza, la primera en entrar al mercado en ese ramo en 70 años. La firma competirá con Cemex, Holcim, Moctezuma y Cruz Azul.
Pero ¿quién es Elementia? La conforman Eureka, Mexalit, Eternit Colombiana, Eternit Ecuatoriana, Eternit Pacófico, Eternit Atlántico, entre otras. Todas ellas, responsables de la importación de asbesto a México y América Latina, desde los años sesenta, cuando ya se sabía de la carcinogenicidad del asbesto y deliberadamente se instalaron.
Agreguemos que Eureka y Eternit, son parte del consorcio de Stephan Schmidheiny, juzgado y condenado en Turín a 16 años de prisión por las muertes de los pobladores y trabajadores de Casale Monferrato, precisamente de las que se habla en la presentación de este suplemento. El juicio de Turín es parteaguas en la justicia internacional sobre el tema. Por lo tanto, estas nuevas inversiones revitalizan el uso del asbesto y perpetúan las muertes por esta fibra cancerígena. ¿Hasta cuándo las autoridades mexicanas y los legisladores lo van a permitir?, se pregunta la maestra Aguilar.


*1. Unidad de Investigación en Salud en el Trabajo, Instituto Mexicano del Seguro Social, México.
2. Coordinación de Salud en el Trabajo, IMSS, Distrito Federal.
3. Unidad Médica de Alta Especialidad, Hospital de Oncología, Centro Médico Nacional Siglo XXI. Servicio de Tórax y Jefatura de Patología del IMSS.
4. Hospital General del Centro Médico La Raza. Servicio de Neumología.
Correspondencia: Guadalupe Aguilar Madrid.
guadalupe.aguilarm@imss.gob.mxgpeaguilarm@gmail.com 
Unidad de Investigación en Salud en el Trabajo, Instituto Mexicano del Seguro Social, México, Centro Médico Nacional Siglo XXI. Av. Doctores No. 330 Edif. “C” 1er piso. México, Distrito Federal. Tel. (52-55) 5761-0725.

 

FUENTE: 
http://www.jornada.unam.mx/2013/01/28/eco-c.html


 

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