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Gestión moderna de riego
La modernización del riego antes se consideraba un "proyecto de ingeniería": entubar los canales abiertos; utilizar sensores para aplicar automáticamente el agua; revestir los canales y nivelar el suelo. Además, la responsabilidad era competencia de los ingenieros. Como dijo un especialista en irrigación de Tanzanía: "Elaborábamos los proyectos de riego en el despacho y ahí los manteníamos. Pensábamos que los aldeanos no eran capaces de entender esa clase de cosas".

Hoy -informan los expertos de la FAO- ya es consabido que "donde la gestión no puede hacer funcionar y mantener un sistema en óptimas condiciones, no basta restaurar la infraestructura material para mejorar la producción". Necesitan modificarse profundamente los acuerdos institucionales y los reglamentos para lograr que las instituciones responsables del riego se orienten al servicio a los agricultores y mejoren su desempeño económico y ambiental.

Esto quiere decir adoptar nuevas tecnologías y mejorar la infraestructura, pero también aplicar sólidos principios administrativos y promover la participación de los usuarios del agua en el funcionamiento y la gestión de los sistemas. La participación de los agricultores puede evitar muchos problemas frecuentes de los sistemas de irrigación administrados verticalmente: demolición de los canales que atraviesan el campo, robo de puertas, y sistemas rurales de drenaje descompuestos.

Condiciones del éxito. De los estudios de la reciente modernización del riego en Argentina, México y Perú se ha obtenido un conjunto de "condiciones del éxito". En primer lugar, la modernización es más eficaz si los usuarios del agua toman la iniciativa. En los casos estudiados los agricultores se habían dado cuenta de que no era posible "seguir en las mismas" y ejercieron presión para lograr que el sistema de irrigación fuera más eficiente.

Si bien todos los proyectos de modernización estudiados incluyeron mejoras materiales, según señalaron los investigadores), los resultados positivos también obedecieron a la capacitación impartida a los usuarios del agua para utilizar buenas prácticas agrícolas, calcular las necesidades de agua y programar el riego. Las personas que no estaban acostumbradas a pagar por utilizar el agua se dieron cuenta de que ésta no es gratuita. Según los estudios, a la larga "no se puede seguir contando con los subsidios del gobierno".

Los estudios realizados en México revelaron que otro factor decisivo para la viabilidad del proyecto es el tamaño de las parcelas de los sistemas agrícolas de riego. En uno de los sistemas estudiados, la superficie media de las parcelas era de apenas media hectárea, por lo cual no son económicamente viales para los agricultores locales. "La modernización de muchos sistemas de irrigación debería comprender unir parcelas para contar con tierras que se puedan cultivar con provecho -señalan los expertos de la FAO-. En el sistema mexicano, la superficie idónea sería de unas cinco hectáreas. Al incrementar el tamaño de las parcelas también se podrá reducir la inversión necesaria en modernización y contribuir a crear puestos de trabajo directa e indirectamente".

Pero en otros países las parcelas de cinco hectáreas no han dado buenos resultados. "La asignación de parcelas grandes a los agricultores para que se dediquen de tiempo completo a la labranza y obtengan las mejores ganancias no toma en cuenta que la gente suele tener medios de sustento diversificados", explican los expertos de la FAO. En Zimbabwe se observó que las parcelas pequeñas a veces se explotan con mayor intensidad. A principios del decenio de 1990, el gobierno aumentó la superficie de las parcelas de riego de 0,1 hectárea a de tres a cinco hectáreas, y también favoreció la escrituración de tierras a los hombres. Pero posteriormente se observó que eran más elevadas la productividad por unidad de tierra y la productividad por unidad de agua en las parcelas más reducidas, y que había muchas más mujeres que se ganaban la vida de la agricultura de riego.

Devolución. En muchos países en desarrollo el gobierno central les está devolviendo la responsabilidad de los sistemas de irrigación al sector privado y a las asociaciones locales de usuarios del agua. Si bien la gestión de los depósitos y de los sistemas de canales grandes tiene que correr a cargo de organizaciones profesionales, las organizaciones de usuarios casi siempre pueden encargarse de la gestión del sistema de distribución final en el ámbito de la aldea (Lo que a menudo permite a las organizaciones de gestión "renacer" como prestadoras de servicios o empresas de servicios).

La Ley del agua de 1998 de Sudáfrica, por ejemplo, previó la creación de organismos regionales de gestión en los que participan los campesinos, y en Turquía la gestión del agua se ha entregado casi por completo a grupos campesinos. En México, las asociaciones campesinas han asumido la gestión de más del 85 por ciento de los 3,3 millones de hectáreas de tierras estatales de riego, lo que si bien acarreó el pago del agua para irrigar, éste no excedió el ocho por ciento del total de los costos de producción y la mayor parte de las asociaciones ya son independientes económicamente.

Además de la devolución muchos gobiernos están retirando gradualmente los subsidios al riego como medida de conservación del recurso y para promover una mayor eficacia económica. Pero los especialistas de la FAO señalan que la fase de transición a la gestión moderna de todas formas puede necesitar una considerable inversión pública y que deberían evaluarse atentamente los efectos del cobro del agua para los campesinos pobres. "Las políticas de precios pueden ser graduales para que los campesinos no paguen el costo total del agua ni la reciban gratis. Por ejemplo, la mitad del volumen utilizado se puede cobrar al precio acostumbrado; después, se cobra otro precio más alto por el siguiente cuarto de volumen y otro mucho más alto por la última cuarta parte. Los sistemas escalonados de precios como éste pueden producir grandes ahorros".

El cobro del agua también sirve para proteger los mantos acuíferos que están explotándose en exceso (recuadro). Una vez que se evalúe el índice de reposición de un acuífero, los derechos por extraer ese volumen pueden repartirse entre los campesinos que explotan el acuífero. Se puede hacer que los campesinos que extraigan más agua de la que les corresponde paguen precios muy altos o que compren derechos de extracción de agua en un mercado abierto donde otros usuarios vendan los derechos que les sobren.

Prioridades difíciles. La gestión del riego debe contribuir a asegurar una utilización óptima del agua en la cuenca hidrográfica, en beneficio de todos los usuarios, comprendidos los consumidores urbanos, la industria, la agricultura, las autoridades de la energía hidroeléctrica, las zonas húmedas y las comunidades pesqueras de las zonas bajas. "En los siguientes decenios habrá que establecer prioridades difíciles -dicen los expertos de la FAO-. En muchas partes del mundo los centros urbanos sencillamente se han adueñado del agua de las zonas periurbanas que consideran de su propiedad, privando a los campesinos locales de sus medios de subsistencia. En los demás lugares, hay intensas negociaciones entre las autoridades municipales y los propietarios de las tierras rurales".

Donde escasee el agua, habrá que establecer las prioridades: la más pura debería destinarse al consumo doméstico, el agua tratada al riego agrícola, por ejemplo de los cereales, y el agua de menor calidad al riego de las plantaciones forestales y los pastizales.

FUENTE: http://www.fao.org/ag/esp/revista/0303sp4.htm

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