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Incrementar la productividad del agua
La productividad del agua que se utiliza en la agricultura aumentó por lo menos 100 por ciento de 1961 a 2001, debido sobre todo al incremento de las cosechas. Las cosechas del arroz de riego se duplicaron, y las de trigo de riego aumentaron 160 por ciento en ese periodo, con poca variación en el consumo de agua por kilo de producción. La FAO calcula que las necesidades mundiales de agua para producir alimentos per cápita disminuyeron a la mitad entre 1961 y 2001, ahorro considerable y ventaja igualmente significativa para los otros usuarios del líquido.

Existe un cálculo según el cual un incremento del uno por ciento de la productividad del agua en la producción de alimentos pone a disposición de la población -por lo menos en teoría- otros 24 litros al día por persona, mientras que un incremento del 10 por ciento igualaría el consumo doméstico actual de agua. En consecuencia, invertir en agricultura y en gestión del agua en la agricultura constituye una interesante estrategia para liberar agua para otros fines.

Mejorar la productividad del agua -en condiciones de secano o de riego- requiere, primero que nada, un incremento de las cosechas o de los valores, es decir, la parte que se puede comerciar de la cosecha por cada unidad de agua transpirada. También es necesario reducir todo derrame innecesario, o "pérdida" (por ejemplo, a causa del drenaje, la infiltración y la percolación), con excepción de la transpiración de los cultivos, y aprovechar con mayor eficacia el agua pluvial, el agua acopiada y el agua de calidad marginal. La reducción de la pérdida de agua y la gestión hídrica forman parte de la gestión integrada de los recursos hídricos en la cuenca, según la cual las instituciones y las políticas tienen la responsabilidad de asegurar que las intervenciones que se realizan río arriba no sean a expensas de los usuarios de las tierras bajas. Estos tres principios se aplican en todas las escalas, desde la planta al campo y al sistema agroecológico, pero las opciones y las prácticas asociadas a ellos requieren de diferentes enfoques y tecnologías en distintas escalas espaciales.

Relación grano paja Respecto a la planta, incrementar su productividad requerirá sobre todo de mejorar el germoplasma, darle, por ejemplo, mayor vigor a las plántulas, lograr que las raíces lleguen más hondo, aumentar los índices de las cosechas (la relación grano paja) y lograr una mayor eficacia de la fotosíntesis. Las variedades de trigo, arroz y maíz de la revolución verde que no dependen de las horas de luz recibida y cuya duración es de corta a media (de 90 a 120 días) han logrado superar con eficacia la sequía de fines de la estación que afecta negativamente el florecimiento y el desarrollo del cereal. En consecuencia, las variedades modernas de arroz son tres veces más productivas que las variedades tradicionales, en cuanto al consumo de agua. El fitomejoramiento tradicional ya había logrado llevar estos beneficios a otros cultivos, y se prevé que la ingeniería genética supere viejos obstáculos para crear variedades de cultivos muy productivas y tolerantes a la sequía.

En cuanto al campo, una mayor productividad del agua exige modificar la gestión de los cultivos, el suelo y el agua. Las posibles estrategias para realizarlo son: selección de cultivos y cultivares apropiados, utilizar métodos mejorados de siembra (por ejemplo, en cuadros elevados), labranza mínima, sincronizar las aplicaciones de agua con los periodos de crecimiento más pertinentes, y mejorar el drenaje para regular los mantos freáticos. Todas las prácticas culturales y agronómicas que reducen la evaporación del agua -como sembrar en hileras con espacio variable y aplicar rastrojo- mejoran la productividad del agua. Una mejor gestión de los nutrientes aumenta las cosechas proporcionalmente más de lo que eleva la evapotranspiración. La falta de riego -cuando se aplica menos agua de la necesaria para satisfacer la demanda plena del cultivo- produce una pequeña reducción de la cosecha, inferior a la reducción concomitante de la transpiración.

La FAO pone en duda la idea común de la ineficiencia inherente de la utilización del agua en el cultivo de arroz, y señala que la percolación de la capa de agua que está permanentemente en la superficie del campo a menudo se recicla, y que la productividad del arroz por lo general admite una buena comparación con la de los cereales secos. Con todo, las técnicas de riego que economizan agua -como el cultivo en suelos saturados y la aplicación alternada de agua- pueden reducir drásticamente los derrames improductivos de agua e incrementar la productividad de ésta. Estas técnicas por lo general dan lugar a cierta disminución de la cosecha, en el caso de las variedades muy productivas de arroz de las tierras bajas, aunque se han obtenido considerables incrementos en el caso de algunas variedades locales -con un rendimiento promedio de más de ocho toneladas por hectárea- con una técnica llamada "intensificación del sistema arroz", elaborada en Madagascar, en el que el suelo sólo se mantiene húmedo durante las etapas reproductivas y cuando la planta está produciendo el grano.

En la agricultura de secano, zanjar los déficit de agua durante las rachas secas a través de riego suplementario estabiliza la producción e incrementa espectacularmente tanto la producción como la productividad del agua. Si bien son relativamente pocas las inversiones en acopio de agua -es decir, construcción de zanjas que conducen los escurrimientos hacia depósitos de reserva-, su eficacia depende de muchos factores, como la topografía, las características del suelo y la disponibilidad de fertilizantes, así como de la participación de los beneficiarios en la concepción y funcionamiento del sistema, que no es el factor de menor importancia.

Cálculo de valores. En el ámbito del sistema y de la cuenca, las opciones para mejorar la productividad del agua comprenden una mejor planificación de la explotación de la tierra, utilizar previsiones del clima a mediano plazo, planificar mejor el riego, y utilizar agua de diversa procedencia. Pero mejorar la productividad del agua no necesariamente rinde mayores beneficios económicos o sociales, el agua en las zonas rurales de los países en desarrollo tiene múltiples usos, factor que complica los cálculos de los valores. En este contexto más amplio, las repercusiones de la agricultura para los otros usuarios del agua, la salud humana y el medio ambiente revisten por lo menos la misma importancia que las cuestiones relacionadas con la producción.

Las diversas aplicaciones del agua incluyen la producción de madera, leña y fibra, la acuicultura y la ganadería, el consumo doméstico y el cuidado del medio ambiente. "No siempre son apropiadas todas las medidas para incrementar la productividad del agua -dicen los expertos de la FAO-. Es fundamental ponderar las diversas aplicaciones del agua en la agricultura antes de introducir medidas que incrementarían la productividad del agua a expensas de otros beneficios de la misma fuente de agua, en especial los destinados a la población pobre local y a las personas que no tienen tierras".

Por último, la FAO hace hincapié en la necesidad de determinar los tipos de políticas e incentivos que promuevan mejor las nuevas prácticas agronómicas y culturales, así como una mayor productividad del agua. "La experiencia de la agricultura de conservación indica que los intereses de corto plazo de los agricultores a menudo difieren de los intereses de la sociedad a largo plazo, y que los beneficios económicos producidos por la modificación de las prácticas culturales a menudo tardan mucho tiempo en materializarse. Los resultados incongruentes y a veces contradictorios de los estudios sobre la adopción de nuevas prácticas indican que el proceso de toma de decisiones de los agricultores es muy variable y a menudo inaceptablemente largo, tomando en cuenta el apremio de los problemas relacionados con la escasez de agua. La experiencia de la investigación participativa y la extensión podrían ayudar a reducir esta demora".

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    y cisternas

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    industriales y agrícolas

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    calefactores y chimeneas

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